
TODO POR UN NUEVO RENACER /COLUMNISTA
El ego es maestro del disfraz. Se oculta detrás de virtudes, de logros, de heridas, incluso de la espiritualidad misma. Sus trampas son finas, seductoras, y casi siempre nos convencen de que estamos en lo correcto.
El ego se esconde en la necesidad de tener la razón, porque equivocarse lo siente como morir. Se manifiesta en la comparación constante, creyendo que vales más o menos según con quién te midas.
Se viste con la máscara de la humildad, aparentando modestia mientras en secreto mendiga reconocimiento. Se aferra a tu sufrimiento, haciéndote creer que tus heridas son tu identidad. Y hasta en el camino espiritual aparece, creando un ego espiritual, que te hace pensar: “soy más consciente que los demás”.
El ego también se alimenta del apego al control, buscando que todo se ajuste a sus ideas, generando frustración. Y teme profundamente al cambio, porque para él significa desaparecer.
Pero el ego no eres tú. Reconocer sus trampas no es destruirlo, sino verlo. Cuando lo ves, pierde fuerza. Cuando lo nombras, se revela.
Y en ese instante, detrás de todas sus máscaras, descubres lo que siempre estuvo intacto: tu ser, vasto, libre y silencioso.


Nos vemos en la próxima Nota !
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